El tiempo pasa y, mi situación sentimental ha ido variando tanto como mi humor.
Hoy, debo admitir que aun lo extraño, no tengo razones para ocultar nada, ni menos mentirme a mi misma con que ya lo olvide, con que nada suyo quedó grabado en mi.
Claramente, estoy en esa extraña etapa en la que no quisiera volverlo a ver jamás, ni saber de él y que por momentos detesto su recuerdo en mi mente, y que por otro lado siento melancolía, extraño momentos, situaciones, detalles.
De todos modos se muy bien que la relación caduco. Que no me llenaba completamente, y que tristemente no era para mí. O así fue como lo sentí al momento final, en ese en que tuve una charla extraña, incomoda, con un millón de silencios inquietantes entre palabra y palabra. Con miradas un tanto juzgadoras y gestos vacios de contenido. Si, ya no sabíamos que decirnos, ni que respondernos. Yo al menos, intente mejorar la situación, fui de frente, dije lo que tenía para decir, que era lo que sentía en ese momento. Quede tranquila de ser transparente en el momento más indicado.
Por lo contrario, él, insistió en esquivar la conversación. Y sus palabras mas frecuentes en la discusión, las cuales me fueron inútiles, fueron “no se” con ese chasquido de labios, como diciendo “me da igual, no tengo idea, no me jodas”. La forma más cobarde y menos sutil de hacer notar que no te importa un carajo la relación, o de que al menos no te parece provechosa la charla.
Sus estúpidas escusas, y su remate final, “deberíamos darnos un tiempo”, me terminaron de convencer de que todo aquello era en vano. Que intentaba pelear contra el viento, y que tristemente él sufriría de frustración, pero yo de pena.
Aun sabiendo que ya nada volverá atrás, que nada mejorara, que no habrán perdones que aceptar, ni mucho menos disculpas que dar, que no existirá jamás la posibilidad de un cambio de su parte… habiendo escuchado perfectamente esa frase que salió de su boca y que revoto en mi cerebro por horas “no quiero que te hundas conmigo”.
En fin, aun así… luego de una despedida pésima y patética de, nos paramos y vacilamos a caminar cada uno en sentido contrario como si nunca nos hubiésemos conocido, pero por un momento nuestros cuerpos reaccionaron, se arrepintieron y en una extraña sincronización se acercaron para que nos besemos con una pasión tan amarga que duele hasta hoy, y luego el silencio...
Y, como buena masoquista que soy, continuo… pero sin esperanzas ni mucho menos interés… aguardando un milagro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario