Brusca y temblorosa inserto el cargador lleno; retraigo la corredera furiosa y amartillo sintiendo las palpitaciones llenas de emociones indefinibles y confusas. No se si estoy del todo conciente de lo que hago, el sudor humedece el frio. Y de pronto el silencio invade mi cabeza aturdiendome, haciendo que mis manos se relajen, soltando el acero destructor, dejando caer torpemente la parabellum sobre el parquet descuidado.
Mi atención se centro en otra cosa... Siento el gato maullar alrededor de su plato vacío, mejor le daré de comer, la 9 puede esperar...
La fiebre de un sábado azul, y un domingo sin tristezas...
ResponderEliminarcantaba Charly.
Spinetta duerme en sus ahora lugares y bandas eternas. Hoy hizo frío y tuve melancolía de un invierno cuchareado como ninguno y vos ahí,
pensando en no pensar.
Si, capaz que sos peligrosa.
Pero capaz que no.
Capaz que sos y punto.
Y sí...descubrirse puede ser la tarea más alucinante y más provocadora.
Qué bueno que otro gato está con vos.
La nueve puede esperar
y te digo, un día...
podrá esperar mucho tiempo más.
Cuidaos.
Leóle con ansiedades varias.
Otro adicto.