2.21.2012

Aunque elijo no elegir...



Por un instante reconozco esa imagen ante el espejo, una energia borrosa, suspendida, careciente de una fuente de alimentacion. Mi persona indefinible dentro de un envoltorio llamado cuerpo. Apaleado, por un interior autodestructivo, que anestesia lo intangible por medio de lo tangible. Somatizando involuntariamente como conector a exteriorizar lo que duele mas por dentro que por fuera, pero que calma momentaneamente ese fuego devorador del alma, dañando lo que esta afuera libera un poco de presion dañina. 
Como autoimagen la mente esta cubierta por una especie de pulpo oscuro como el petroleo, negro profundo, con mil tentaculos en constante movimiento, accediendo a rincones reservados, bloqueando y desbloqueando informacion, defecando sobre los sentimientos, agudizando sensaciones, mezclando emociones. Y en el centro, muy adentro, aun se resguarda en una capsula una luz dormida, tenue casi en penumbras, languidamente titilante. Gritando inaudible, golpeando inmovil. Pero que comienza a manifestar disguto, desagrado, dando diminutas vibraciones que corren por la medula como una corriente de electricidad hormiguente y espasmódica que shockea y sacude a la vez. Descontrol involuntario peligrosamente alertante.
Contradictoriamente irónico el cuerpo es mas vulnerable que la mente, pero una simple acción que ataque algún sentido puede destruir el interior mas dolorosamente que un ataque físico.
Por concluir al menos parte de este nudo extragalactico, si no es tu momento, no es tu momento, por mas intentos y alternativas que use. Y si buscamos un poco mas adentro de todo el lío, las ganas de morir no son mas que una metáfora de vida, es matar esta forma de vida, y no matar esta vida precisamente. Es un grito desesperado por renacer, sentir vivir, y básicamente tener una razón por la que vivir... 

1 comentario:

  1. Entonces es un buen momento para
    reiterar, repetir, como en una letanía...
    la canción para renacer.
    Quizás así...llegue al tiempo que inunde
    la playa con un verdeo sublime, estático,
    indefinible.
    POr entonces los cuerpos floten como en un orgasmo pacífico después de la guerra de los sentidos y los encuentros.
    Quizá entonces sí, la razón del renacer sea plausible, buscada y encontrada por ambos.
    Vos y ella. Vos y vos.
    Y ahi hacer la amalgama final que por fin
    encuentre tu razón con la mía,
    con esta costumbre de escribirte
    por más que haga frío y estemos solos,
    no estamos tan lejos, como pensábamos.
    Creo.
    Credo.


    Nicus

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