10.30.2010

Apretando el botón rojo

Bacilo al, tiempo vacío, 
ocupado, medito...
es más oscuro el cuarto en el que grito.
No predico,
opinión propia,
no dedico ni suplico,
me sacan de quicio tus principios
que te creas el listo...

y qué, te repito,
no eliges que es delito
cuales sí y cuales no valen de mis vicios...

Palpito,
Más fuerte, junto al borde del precipicio...

Nuestro destino, muerte,
destrucción sin sentido,
encima orgullosos de nosotros mismos,
de conseguir metas y objetivos,
como te lo explico,
no quiero formar parte de vuestro circo,
os vomito, al ritmo de mis latidos,
pedacitos de cada sentimiento,
atrancado en la garganta,
mi mecanismo es devolverlo.
Suspiro, anhelo,
fantasmas que me recorrieron y se fueron
entre aromas los encuentro,
llega el consuelo,
suelo, mirar por la ventana, espero,
al suelo caen las lágrimas cuando desespero,
vuelvo, es cuestión de tiempo
la mayoría de mis empeños,
susurros en sueños convierten fantasía a ocurre luego,
locura de mi ego, años conviviendo con ello.
Me desquicio, me pierdo, me revuelvo,
pero camino hacia el metro,
ilusión y realidad
en menos de metro cuadrado que okupa mi esqueleto
no puedo pedirle que esté quieto.

Te reto,
dime que estás contento,
que no tienes sufrimiento,
que no existe en tí el lamento,
que este mundo no es patético,
que no coincides en lo que critico...
Derribando vuestros muros
mentales y físicos,
animando a los que creáis momentos únicos,
juntos, formamos un círculo...

Te lo esculpo: sobreviviendo al mundo,
consecuente con mis actos sigo mi curso...

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